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lunes, abril 12, 2010

Control



Alguien tendría que empezar a reconocer que el rock puede formar parte de la trayectoria vital de una persona de forma indisoluble. Así parece en el caso de Anton Corbijn, artista multidisciplinar que ha dedicado y dedica el grueso de su producción artística a mayor gloria del rock.

Mi conocimiento de su meritorio trabajo se debe precisamente a su raigambre con grupos como U2 o Depeche Mode, con los que ha contribuido de forma capital en la configuración de la imagen pública que ehan querido proyectar. Ya sea a través de las fotografías promocionales o las destinadas a las portadas de los discos. Bien contribuyendo en la puesta en escena de los conciertos o realizando vídeo clips, Anton Corbijn se presenta en el amplio terreno del audiovisual como uno de los artistas más notorios vinculados a la música rock por mucho que al propio afectado no le guste la etiqueta de "fotógrafo del rock".

Podría parecer que Control, su debut en el largometraje respondería al salto evolutivo lógico en su carrera profesional, en pareja trayectoria a directores de vídeo clips (prestigiosos) ya asentados en el cine como David Fincher, Michel Gondry o Spike Jonze. Todos ellos, al igual que Anton Corbijn, se han esmerado en la transmutación del vídeo clip como una pequeña obra de arte dejando en un segundo plano el carácter promocional y mercantil. Este pálpito artístico y esta voluntad manifiestamente indagadora de nuevas fórmulas estéticas ha resultado una evidente carta de presentación en su salto al cine narrativo. Todos ellos han demostrado, unos más que otros, cierta mirada personal y cierto empaque narrativo y visual que han supuesto un soplo de aire fresco en la producción cinematográfica. En el caso que nos ocupa, Anton Corbijn parecía ser el último teniendo en cuenta que otros directores como Mark Romanek ya han dado el salto. Control en primera instancia no responde a esa voluntad.

Estrenada en Barcelona casi simultáneamente en un cine de reestreno y de estreno, respondiendo a la marciana exhibición cinematográfica española, Control parte de un impulso personal de Anton Corbijn, el cual conoció personalmente al malogrado y atormentado cantante de Joy Division en el Reino Unido de los 70. Trabajó brevemente con ellos y de esa conexión nace su voluntad de lanzarse al ruedo cinematográfico, realizando un biopic del intérprete.

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domingo, mayo 21, 2006

Victor o Victoria



Deliciosa comedia musical sobre la confusión de géneros con un solvente, brillante e inteligente guión y un excelente trabajo coral.

Curioso que en el mismo año de producción (1982), coincidiese con Tootsie de Sidney Pollack. Dos comedias con mismo pretexto argumental, aunque si en Tootsie es un hombre el que se traviste de mujer para poder trabajar, aquí es una mujer la que aparenta ser un hombre.

Con claros referentes como Cabaret y con Faldas y a lo loco, aunque no las supera, se nos presenta como una digna sucesora y/o complementaria.

De Cabaret toma similar contexto aunque cambiando Berlín por París. El mismo ambiente de entreguerras, el entorno del cabaret, etc...
De Con faldas y a lo loco, el tono de comedia de enredos con personajes travestidos. Y con mensaje.

Asimismo, si bien es un perfecto vehiculo de lucimiento para la actriz protagonista (Julie Andrews), brindado por su director y entonces esposo, todos los actores están excelentes aunque sienta predilección por la actriz Lesley Anne Warren.
Como buena actriz de reparto roba escenas aporta al film unas de las escenas más divertidas y memorables del film. Así, consigue sentar su presencia en el film y eclipsar a quienes comparten plano con ella. Cuando en un punto de la trama el personaje desaparece para volver mucho tiempo después, se celebra su retorno a escena y se agradece que el director no haya desaprovechado este personaje bombón, ofreciéndonos más minutos del personaje.

Como detalle anecdótico, su número musical remite a los que posteriormentes hemos visto a Madonna en sus giras.
Por fortuna si queremos recuerpar a esta actriz, actualmente la podemos ver como madre de Susan en Mujeres Desesperadas

En lo que se refiere a la escritura podemos considerar que estamos ante un divertido, brillante y lúcido guión, con varios diálogos dignos de recordar. En contrapartida, peca de un excesivo slapstick que irremesiblemente nos recuerda al cine de Blake Edwards trayéndonos a la memoria películas como El guateque o La pantera Rosa.
La acumulación de este tipo de situaciones provoca que algunas sean innecesarias, otras sean simplonas pero efectivas, y algunas más, en cambio, provocan la complicidad del espectador.
No obstante, no entorpecen la trama si las asumes como una seña de identidad, como una muestra de estilo.

En el apartado visual, me quedo particularmente con dos escenas maravillosamente ejecutadas.
Una sería el plano secuencia, (haciendo un brillante uso de la profundidad de campo), en la que vemos al guardaespaldas (James Garner) colándose en la habitación del hotel donde se aloja el personaje de Julie Andrews.
Un plano secuencia que se me antoja muy hitchcockiano, aunque no sé hasta que punto el director tenía en mente a Hitchcock a modo de homenaje.


La otra sería también otro plano secuencia en el que vemos dos acciones paralelas simultáneas: El personaje de Lesley Ann Warren subida en el tren y atravesando todo el tren a través de sus vagones mientras que el guardaespaldas va caminando en el andén hacia la misma dirección.

Y ya por último, en el apartado extracinematográfico conviene destacar el mensaje de tolerancia y respeto hacia la comunidad gay en una época donde, de forma generalizada, estaban tachados de perversos y degenerados. No olvidemos que fue una época en la que el SIDA estaba considerado más un castigo moral que una enfermedad.
En ese contexto se agradece que se realizase una producción como la presente, que a buen seguro, debió suponer un soplo de aire fresco

En definitiva, hablamos de una entretenida comedia musical, (con una excelente banda sonora del inolvidable Henry Mancini, la cual ganó el oscar), que no se agota y siempre apetece revisarla, dada la vigencia de su mensaje y el ritmo cómico bien conseguido.
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