Similar situación se dio el año pasado con
Match Point y Woody Allen. Este es el año para recoinciliarse con Martin Scorsese. La perfecta excusa.
No he visto la película en la que se basa (
Internal Affairs) pero tampoco creo que sea necesario para enjuiciar adecuadamente la película que ahora me ocupa. Sin haber visto la original, es evidente que Martin Scorsese ha sabido trascendir esas barreras que imponen que su película sea un
remake para hacer una película personal y totalmente incrustada en su universo. Por lo que no es adecuado considerarla un
remake, sino más bien una recreación. Coge un punto de partida que no es el suyo y nos entrega un film claramente de Martin Scorsese. Porque lo que más recuerda es a a sus claras señas de identidad que le han hecho consagrarse como uno de los grandes directores en activo. Y el mérito se engrandece porque hay una doble pirueta, ya que ni siquiera el guión es suyo.
Dejémoslo bien claro: es la mejor película de Martin Scorsese desde
Uno de los nuestros. Volvemos a una trama criminal, a un ambiente urbano (en este caso el de Boston) y a un agudo, y fino retrato de una comunidad de inmigrantes en USA: los irlandeses. Como no, no podía transcurrir en otro lugar que en Boston (traicionando su amada Nueva York). En este film, no llegamos a adentranos en la ciudad, (Boston ejerce únicamente como marco urbano pero no adquiere corporeidad protagónica), pero sí que nos acerca a los irlandeses que viven en ella. A diferencia de
Taxi Driver respecto a Nueva York, aquí no sucede lo mismo. Por un motivo muy claro y bien definido que la emparenta irremisiblemente con
Uno de los nuestros. Scorsese se centra en el retrato de los personajes. La trama va en función de los caracteres y no al revés, contradiciendo una de las reglas básicas de Hitchcock.
Para ese cometido, un director necesita la ayuda inestimable del trabajo actoral. Y en ese sentido, los actores del reparto cumplen con las necesidades del film. El peso recae sobre ellos, y aunque uno pueda tener más o menos preferencias, todas las interpretaciones son estimables. Ninguno de ellos provoca que en el engranaje chirríe. ¿Podríamos decir que se vislumbra una dirección de actores impecable? No, exactamente. Aunque eso no implica necesariamente una contradicción con lo anterior.
Me explico. Empiezo por Jack Nicholson (Frank Costello). El
GRAN Jack tiene una presencia tan arrolladora en pantalla y tiene una personalidad tan pronunciada que es difícil discernir si es el actor el que se pone a disposición del personaje o bien es al revés. Se percibe en su trabajo de interpretación un alto grado de libertad que a la vez ha sabido conjugar perfectamente con los deseos de Scorsese. Jack Nicholson es un animal cinematográfico, como en su día lo fue Marlon Brando, que seguramente debe ser difícil domar. Scorsese no lo amansa, al contrario. Le da la libertad que el actor necesita para que nos brinde una interpretación marcada por las señas de identidad más reconocibles de Jack Nicholson y asimismo a Scorsese le sirve para mostrarnos un personaje extremo como lo fue Joe Pesci en
Uno de los Nuestros. En determinados momentos salta a la pantalla el sátiro, el socarrón y el histriónico Jack Nicholson, pero con la plena complicidad del espectador. Su trabajo se marca desde la quietud y la contención. Desde la expresividad fulminante de una de sus miradas para implantarnos y darnos fe del poder que tiene
Frank Costello. Sabemos que es el gran jefe de la mafia irlandesa por lo que evidentemente tiene poder. Interpretándolo Jack Nicholson la percepción de que tiene poder
Frank Costello, es casi una redundancia, dada la personalidad desmesurada del actor ante la cámara. Difícil papeleta tienen los actores que comparten plano con él porque tienen que asumir que quedarán eclipsados. Con su magnífica voz, con una fugaz mirada, con un rápido arqueo de cejas, el actor que comparta plano, queda borrado.
Siento decirlo, pero ese es uno de los motivos obligados para realizar una revisión del film. Cuando aparece Jack Nicholson en escena, no veo a nadie más. ¿Hay por tanto, dirección en su interpretación? Es Martin Scorsese adecuado al actor y no al revés. ¿Es un juicio negativo? No, necesariamente. Quizás por ello, la recreación que efectúa no recuerda a previos retratos de capos de mafia. Podemos acordarnos del Joker en
Batman, del Daryl Van Horne de
Las brujas de Eastwick, etc....pero no nos vendrá a la memoria otros capos ilustres en el cine.
Leonardo di Caprio (Billy Costigan) tiene una papeleta difícil ya que es el actor que más veces comparte plano con Jack Nicholson. Personalmente, percibo un salto cualitativo respecto a su última interpretación en
El Aviador. Mucho más solvente, mucho más maduro y transmite con clara transparencia el estado anímico de Billy Costigan. Su vulnerabilidad, la perdida de la identidad, y en definitiva, nos ofrece un retrato de un personaje muy consistente. Lástima que a medida que avanza la trama, nos parece estar ante una sensación de repetición de hallazgos que evolución en el personaje. Aún así, en ningún momento llega a perder a
Billy Costigan por un exceso de sobreactuación como le pasaba en
El aviador. Se nos está haciendo muy buen actor. La tercera colaboración con Scorsese pide una cuarta, dado el salto cualitativo de una a otra.
Y lógicamente, si pensamos en infiltrados en la mafia, nos acordaremos de Johnny Depp en la estimable
Donnie Brasco. Si confrontamos una interpetación con otra, resulta más convincente Leonardo Di Caprio que Johnny Depp (en Donnie Brasco Al Pacino se comía con patatas a Johnny Depp).
Matt Damon (
Colin Sullivan) asume el papel del verdadero villano de la película. La similitud entre ambos nombres (Billy Costigan y Colly Sullivan) no es casualidad. Ya que ambos personajes, son las dos caras de la misma moneda. De hecho, es algo que queda bien claro desde los primeros minutos del film, pasado el prólogo de
Frank Costello, en la continua sucesión de acciones paralelas de Billy Costigan y Colin Sullivan.
Ensaya lo ya hallado con Tom Ripley en
El talento de Mr. Ripley. También nos aparece el Will Hunting de
El indomable Will Hunting, especialmente en las escenas de seducción a
Madolyn (Vera Farmiga). Pero el excesivo hieratismo con el que afronta su papel, para transmitirnos el aislamiento en el que se encuentra su personaje, juega en su contra. Demasiado frío. Cierto que nos retrata muy bien la desmedida ambición de
Colin Sullivan (es un trepa similar al Ed Exley de
L.A Confidential) pero no logra convencerme. Para mí, es el que está más flojo del cast y me convenció muchísimo más en las películas mencionadas que en ésta.
Y la sorpresa la da Mark Whalberg (
Dignam). El policía chulesco y deslenguado. La bomba siempre a punto de explotar como perfecto contrapunto del papel Martin Sheen. Una pareja de policías que daría mucho juego si estuviésemos en una
buddy movie tipo
Arma letal. Seguramente será una de las nominaciones claras al Oscar. Es desde luego mi apuesta personal. Ha sido el actor que más me ha sorprendido gratamente. Desde
Boogie nights, no lo había visto de nuevo tan brillante.
Martin Sheen (
Oliver Queenan) es el que transmite más humanidad. Aunque en un microcosmos tan putrefacto y tan corrupto tampoco es trigo limpio y la ambigüedad presente en todos los personajes, ya sean de la policía o la mafia, también aparece en
Oliver Queenan.
¿No existe manipulación emocional por su parte en el reclutamiento de
Billy Costigan? Precisamente en la misma escena, ¿
Dignam y él no están jugando a los roles de
poli bueno y
poli malo?
Asume el papel de protector de
Billy Costigan en la distancia, y en cierta manera, cubre la figura paterna para dicho personaje. En el permanente juego de dudalidades y de espejos que es todo el film, entre el microcosmos de la mafia y de la policia, su personaje vendría a ser el reverso positivo de Frank Costello (que ejerce similar función simbólica con
Colin Sullivan). En contraposición con
Frank Costello, por tanto, es uno de los personajes más positivos del film y esa positividad y humanismo está muy bien transmitida.
Oliver Queenan y
Billy Costigan son los dos personajes que más empatía emocional despiertan en el espectador.
Alec Baldwin (
Ellerby) también es otra de las sorpresas del cast y es otro de los personajes que más comicidad aportan al film. Es quizás el personaje que menos trozo de pastel tiene en el film pero sabe sacar partido a su rol más inferior en comparación al resto. Te define muy bien a su personaje en muy pocos minutos en pantalla. Por lo que sabe aprovechar muy bien el escaso tiempo que aparece en pantalla para destacar junto a sus compañeros más agraciados en metraje.
En este continuo juego de espejos y contraposiciones de personajes que es el guión, en este vaivén entre figuras paternas e hijos (simbólicos), su personaje vendría a ser el padre putativo de
Colin Sullivan.
Se nos presenta como una versión adulta de
Colin Sullivan y precisamente, bajo su mecenazgo, es como consigue satisfacer sus aspiraciones y ambiciones profesionales. Precisamente, a medida que avanza el film, vemos una clara tendencia de desplazamiento de un padre (
Frank Costello) a otro (
Ellerby). Y ya en el desenlace, en pleno síndrome de estocolmo, se produce el parricidio ya intuido. Y lógico, dada la precisión del brillantísimo guión.
No quisiera terminar con el estudio de actores y personajes sin hacer mención al único rol femenino del film. La desconocida Vera Farmiga (
Madolyn) nos aporta presencia femenina con su estilizada figura y sus ojos azules expresivos pero no consigue ponerse a la altura de sus
partenaires masculinos. No sucede lo mismo que ya ocurrió con la estupenda Lorraine Bracco en
Uno de los nuestros (merecida nominación al oscar). No llega a ser únicamente
mujer florero, pero sí que es cierto que su personaje sirve más para explicar mejor a
Billy Costigan y a
Colin Sullivan que la pertenencia de una entidad propia en la historia.