jueves, marzo 20, 2008

Supersalidos

Que nadie se lleve a engaño. No, no es una comedia o mejor dicho es una comedia que trasciende más allá de su punto de partida. El argumento y el género en el que está inscrita, puede levantar ciertas suspicacias o dudas razonables.

SINOPSIS: En una de sus últimas noches como estudiantes del instituto, los amigos e inadaptados Evan (Michael Cera) y Seth (Jonah Hill) experimentarán una legendaria odisea durante una tarde en la que intentan comprar bebida para una fiesta en la que estarán las chicas de sus sueños. En su peripecia les acompañará el indescriptible McLovin (Christopher Mintz-Plasse), otro amigo inadaptado que acaba de comprarse un carnet falso: su pasaporte para comprar el alcohol... (FILMAFFINITY)
fuente:http://www.filmaffinity.com/es/film897001.html

Puede ser, que no sepamos ver lo que realmente sus artífices, Judd Apatow como productor y Greg Mottola como director, nos estén planteando. No, tampoco es un ejercicio de deconstrucción posmoderno del género en el que se inscribe. No, no se trata de una puesta al día de la típica comedia de adolescentes al estilo de La revancha de los novatos, como ya fue en su momento American Pie. No, no se coquetea con la hibridación de varios géneros, interrogándose por tanto, por la representación icónica del material que maneja. No, no es autorreferencial ni se establecen juegos intertextuales, ni se establecen ejercicios similares que hagan interesante el film a la crítica o a la cinefilia más recalcitrante por su forma de dinamitar el género en el que se inscribe. No, no necesitaremos tirar de las teorías del cine, ni de la semiótica, ni de la sociología ni de la filosofía, etc. para poder analizar el film.

Pero no obstante, creo que es una de las mejores películas del 2007, lo cual puede parecer incluso una provocación. Prefiero considerarlo más bien como una reivindicación.


Elogio de la sencillez.
No podemos obviar cierta comedia americana que nos está llegando en la actualidad que se sirve de la sencillez (que no simplona) en la puesta en escena para narrarnos con mucho corazón y humanidad. Que nos hace verosímiles a los personajes que nos presenta y sobretodo que se centra en dotar a sus personajes de una entidad humana que lo aleje lo más posible de arquetipos o personajes más fruto de la ficción encorsetada en clichés genéricos que de la fina observación de la vida (y alma) humana. En este tipo de comedia, las intenciones grandilocuentes, las experimentaciones formarles, la exhibición del trabajo del director a través de lo que se altera y/o maneja del lenguaje cinematográfico sobra. Y las argucias argumentales también. De hecho, estas comedias que nos están llegando, el pretexto argumental es mínimo. La historia reducida a su valor más exponencial.

Porque no es lo que interesa comunicar. Porque en eso se centran, en la transmisión de emociones, en la comunicación afectiva y empática.En lograr que la mirada con cariño y dulzura con la que se mira a sus criaturas acabe siendo la misma para nosotros como receptores de esa vía de intensa humanidad. Y todo eso contiene Supersalidos. Y doy fe que se consigue con recursos directos, sin aspavientos, sin artificios, construyendo a los personajes desde el calor de los actores, con una dirección, que busca el gesto esquivo, miradas furtivas, el diálogo que atesora el mínimo detalle contenedor de gran significado antes que el fácil subrayado. Y a todo ello contribuye una cámara atenta, permanente testigo y voz expresiva e invisible que testimonia, que sigue, pero que no duda de quien es el protagonista.

Películas entre otras como Pequeña Miss Sunshine, Juno, Transamerica y ahora Supersalidos certifican lo dicho.


Así pues, no es nada nuevo que el cine americano fije su foco en los parias adolescentes de las sociedad, en los outsiders forzados y forzosos, en los adolescentes que se sienten fuera de lugar, en aquellos que viven con callada angustia existencial el tránsito por la adolescencia. En ese sentido, Supersalidos en el retrato que dota a sus dos personajes masculinos tiene más puntos de conexión con Ghost World que con la susodicha American Pie.



Seth y Evan
De hecho, en apariencia, Seth, podría parecer un personaje de cualquier film de Kevin Smith por su locuacidad cargada de diálogos fundados, centrados y obsesionados con y el sexo. Recordemos por ejemplo al personaje de Jason Lee en Persiguiendo a Amy, Banky Edwards, con el que además también comparte la celosa fijación con su amigo. Y así de hecho, arranca Supersalidos (con divertidas e ingeniosas conversaciones sobre el sexo). Pero Greg Mottola, prefiere ir más allá del simple perfil adolescente obsesionado con el sexo y de la misma manera que la película trasciende su género en el que está inscrita, el personaje de Seth no eso solo un chaval loco por desvirgarse, sino que es un chaval que esconde el miedo que siente ante el fin de la adolescencia. Su irreverencia, procacidad y crueldad esconde una profunda tristeza y un pánico a la soledad. De la misma manera que el personaje de Thora Birch ataca y trata injustamente a su amiga en Ghost World, lo mismo sucede con Seth y Evan. En ambos llegará el arrepentimiento y en ambos casos verán lo que pierden cuando ven lo que han perdido.


Porque si Seth, a su convulso interior anímico, presintiendo el fin de una época y el inicio de una nueva, responde exteriormente con cierta violencia verbal, y con una ligera agresividad con la persona que más le importa, Evan adquiere un perfil más de persona invisible. El superviviente callado, que trata de ir pasando por la vida como buenamente puede evitando que el exterior (hostil) le vulnere o le ataque. Varios ejemplos al respecto que atestiguan lo dicho.


Una secuencia del principio del film, cuando un compañero de la escuela veja a su amigo Seth escupiéndole en la cara, Evan se mantiene al margen. O aquella secuencia de ellos dos en el centro del plano almorzando en el comedor de la escuela, en una mesa solos, mientras que el resto de mesas aparecen aglomeradas de gente, merece la pena fijarse en el rostro de Evan. Esa situación define muy bien su perfil, de adolescente excluido, apesumbrado, consciente de su alienación social pero que trata de evitar hacerla externa, que no se note, como sino fuese con él. No es casualidad que se rían, en ese caso de otro que está comiendo solo, como negando la situación vital en la que viven ellos. Por último, la emotiva escena en el tramo final del film, en la que por fin desligados de sus capas de protección externas, se confiesan el profundo nexo anímico que les une, estremece ver como Evan le revela a Seth, por qué finalmente compartirá habitación con el inefable McLovin. Ese nudo en la garganta que se le hace al confesarle que tiene miedo de compartir habitación con gente extraña nos desnuda a Evan y nos confirma lo que ya hemos presentido bajo su melancólica mirada.


Podría pensarse en cierta homosexualidad latente en el personaje de Seth respecto a Evan, como ya se ponía de manifiesto en la ya citada Persiguiendo a Amy (que era una forma sutil de ridiculizar al personaje de Jason Lee por parte de Kevin Smith ante los prejuicios homofóbicos de su personaje) o por ejemplo en la reciente Promesas del Este de David Cronenberg.
Podríamos ver signos a tal efecto, como por ejemplo ante el odio irascible que siente por Becca por ser la chica en la que centra su atención Evan o incluso alguno podría entender así el bello final del film en el centro comercial en la escalera mecánica. Pero no es algo que comparto. Porque no creo que sus artífices nos quieran explicar eso.


Primero por el cariño que se les da a todos sus personajes (con ningún personaje se ejecuta lo que sí hizo intencionadamente Kevin Smith en Persiguiendo a Amy), y segundo porque se nos está hablando de una relación de amistad no contaminada pero por la que se puede sentir dependencia emocional sin sentir atracción física. Se pueden sentir celos sin sentir amor, se puede decir te quiero a un amigo sin querer acostarse con él.
Gregg Mottola y sus guionistas creen en la posibilidad de una relación de amistad pura y sincera. Y así se demuestra en la escena en la que ambos duermen juntos después de la ajetreada noche. Una escena que certifica la declaración de intenciones de sus creadores y por tanto desmonta la teoría (fácil) de la atracción física no correspondida entre los dos amigos. Por mucho que al día siguiente, Seth se levante sobresaltado y ruborizado por la declaración afectiva mutua de la noche pasada. Responde más bien, a esa creencia de género en la que los hombres no pueden (ni deben) expresarse sus sentimientos, compartirlos con sus semejantes.



La humildad como virtud.
En los años 80, se parceló el cine más que nunca y ya el consumo no era algo unitario, sino que establecieron de forma muy marcada eso que suena tanto, target objetivo. Los estudios de mercado irrumpieron en el cine y dándose cuenta que los adolescentes alimentaban la industria, se respondió creando películas específicamente para ellos. La gran eclosión de comedias de adolescentes de los años 80, en la que el sexo jugaba un factor importante en tono jocoso, o en fuente para crear gags y la recuperación del loser o nerd, o novato en el ámbito universitario y/o escolar fueron fuente común de muchas películas de los años 80. Argumentos que se articulaban en torno el gag, y especialmente en torno a la gran secuencia divertida. Lamentablemente, todos los personajes acababan convirtiéndose en vulgares caricaturas porque la profundidad que sí goza Supersalidos en la construcción de sus personajes, brillaba por su ausencia.


Supersalidos, recoge las constantes de esas comedias de los años 80, no las esconde, de hecho las usa de la misma manera aunque en este caso, el argumento no se construye para encadenar gags o para llevarnos a la gran secuencia divertida (la ausencia de ella puede provocar cierta frustación). No ridiculiza el género, sino que lo abraza con cariño. Así se entiende el indescriptible y divertídisimo personaje de McLovin' (imprescindible verla en vos para no perderse la extraña modulación de su voz). Y así se sitúa de forma paralela las peripecias de McLovin' con los policías a la acción de Seth y Evan. Porque Supersalidos juega en paralelo con los dos enfoques y los trata de igual a igual. Por lo que ver Supersalidos, puede suponer un carrusel de emociones, un viaje desde la sonrisa, la carcajada a la melancolía y tristeza.


Es cierto que eso provoca, una caída en el ritmo del film porque a mediados del film la historia de los dos policías con McLovin' parece obstaculizar el ritmo de la película. En todo caso es un bache menor. Porque también se nos está diciendo mucho a través de los personajes cómicos de los dos policías. Unos adultos, que fueron en su adolescencia también unos nerds de su época y el encuentro con McLovin' por tanto, les hace revivir la adolescencia añorada. ¿Los alter-ego de los guionistas? ¿El espejo en el que mirarse el espectador adulto? Interrogantes que cada uno encontrará la respuesta en su interior.


Así Supersalidos, no renuncia al slapstick, al diálogo sexual, a la hormona revolucionada, a la escatología (la escena de la mancha de la menstruación) y a la hipermetropía de la realidad a través de la comedia. ¿Su humildad respecto al marco que se utiliza por muy barrenado, adulterado y gastado que esté puede devaluar al film? NO.NO.NO.




Cine y vida
El cine es parte de la vida. Y de la misma manera que muchas situaciones de la vida cotidiana, siempre les acabo encontrando su equiparación con situaciones de ficción en miles películas vistas (1892 y subiendo), lo mismo podríamos decir al revés. Porque mi relación con el cine siempre es una carretera en dos direcciones. Y Supersalidos, me devuelve instantes y recuerdos de adolescencia. Seguramente, a todos aquellos viejos conocidos que nos encontramos en el presente y nos preguntan con incredulidad ¿todavía seguís siendo amigos?, ¿todavía vais juntos?, Supersalidos les parecerá una película divertida de tres adolescentes con las hormonas revueltas y poco más. Pero estoy seguro que mi amigo (sí el mismo, ese que cuesta creer que todavía sigamos siendo amigos) verá algo más en la película. Y ese algo más es por lo que merece la pena la reivindicación de Supersalidos. Porque si yo pudiese hacer películas, seguramente en una explicaría lo mismo. Y porque Supersalidos me gusta recordarla como un bello retrato de amistad (y por tanto emparejarla a películas como Cuenta conmigo, Beautiful girls, Los amigos de Peter, etc.) más que una película divertida (que lo es) sobre unos adolescentes que quieren desvirgarse (que también lo es). Y es que una vez más, no hay géneros malos sino películas malas.
Va por tí, hermano.



viernes, febrero 29, 2008

Doce hombres sin piedad


Hace honor a su leyenda y a su prestigio. Por mi parte, el mejor drama judicial de la historia del cine. Esta es la típica película que te conduce, que debes dejarte guiar a través del perfecto y engrasado guión y del acertado tempo narrativo del film. El punto de partida es muy interesante. Se vista para setencia un juicio y los doce hombres del jurado se reunen para deliberar y dictaminar el veredicto que debe ser por unaminidad. Todos consideran culpable al inculpado excepto Henry Fonda (el protagonista). A partir de aquí, uno se interesa por ver como se desarrolla la trama sin recurrir a artificios forzados que fracturen la verosimilitud de la propuesta. Las cartas se muestran rápidamente. Sabemos cual será el final. Lo atractivo es ver cómo se llega a ese final y si se llega dignamente. Para alivio del espectador exigente, puedo afirmar que llega con matrícula de honor por ya digo, un guión que funciona como un reloj suizo, por un ritmo narrativo adecuadísimo y por unas interpretaciones excelentes.

Mi única pega al film, es el carácter demasiado unidimensional de los personajes, ya que se convierten en el vehiculo para ofrecer un fresco de comportamientos masculinos de la época (aunque son atemporales). En sí, ello no es negativo, pero hubiese agradecido que al margen de esta intención, hubiese más corporeidad humana al personaje y menos arquetipo asociado a una intención ideológica.

A pesar de resultar demasiado teatral (todo acontece en un único escenario), se agradece que no se trate de oxigenar la acción, forzando la salida del escenario de forma precipitada y errónea (mal de muchas adaptaciones teatrales que se airean muy mal). Por suerte, no se hace uso de trucos sobados como el flashback (para salir de la sala) ni recursos similares. Eso se agradece, porque el ejercicio exige por tanto, para que no decaiga la acción y el interés, venir apoyado por una escritura cinematográfica precisa y bien articulada que conlleve un timing que venga marcado por golpes de atención que marquen la acción y renueven la disposición del espectador respecto al film. Está todo tan bien hilvanado que estos efectos dramáticos (no quiero mencionar ninguno para no romper la capacidad de sorpresa sino se ha visto) se convierten en golpes de efectos positivos, algo muy muy difícil lograr.

Hablaba del guión y del ritmo y por supuesto, para llegar a buen puerto son necesarios unos actores que sepan llevar a sus espaldas de forma conjunta el peso de la película (ya que al ser un único escenario la atención recae sobre ellos exclusivamente).
En ese sentido, funciona también perfectamente como película coral y no solo como drama judicial, ni como adaptación teatral.
Es la gran virtud del film, que funciona perfectamente en todos los niveles en los que se sitúa.
Asimismo la película lleva implícita una crítica al sistema judicial que sigue en permanente vigencia y nos da un toque de atención destacable, aspecto en el que el personaje de Hnery Fonda reincide en varias ocasiones: si existe una mínima duda por pequeña que sea de culpabilidad, al acusado no se le puede considerar culpable.

La anécdota: pese a estar muy bien interpretado por Henry Fonda, no pude evitar pensar que era un papel muy adecuado para James Stewart.

sábado, febrero 16, 2008

Bully



Desde la fecha de estreno de Kids, no había vuelto al cine de Larry Clark, uno de los francotiradores del cine independiente americano más subversivos y sin concesiones alguna a eso que llamamos "buen gusto" en lo que se refiere al retrato de la adolescencia americana. Larry Clark estaría emparentado con Todd Solonz por su forma de explicitar la disfuncionalidad de la sociedad USA y con Gus Van Sant por su obsesión recurrente en el retrato de la apatía, la amoralidad y la desorientación del adolescente actual.
La realidad supera a la ficción, como tantas veces. Y así relatos desopilantes que puedan parecer paridos por la mente más enfermiza, tanto en Gus Van Sant (Elephant) como ahora en Larry Clark, tienen su base real. Otra cosa es la representación y/o simulación del hecho real. En ambos casos la aprehensión de un suceso, es acorde con su escritura cinematográfica. Por lo que debido al grado de abstracción y conceptualización en un caso, y por el grado de causticidad y nihilismo en el otro, casi borran cualquier vestigio de base real. Larry Clark, abandona aquí la emulación de un documental urbano (como ya hizo en la turbulenta y desgarradora Kids) para enfrentarse a una ficción cinematográfica. Bully parece más consistente como film por eso mismo, pero a su vez, se pierde ese anhelo subyacente de parecer una sucesión de instantes robados de la vida real de un grupo de adolescentes.

El film, se centra en un caso de bully (o en la orquestación de una venganza de los más débiles contra el más fuerte), tal como reza el título. Es decir, la humillación, acoso y maltrato psicológico que ejerce un adolescente en otro, con consecuencias fatales. Abandona Nueva York y las localizaciones urbanas para situarse en Florida, en la clase media acomodada. Pero el retrato sociológico acaba siendo el mismo, en este caso sin elementos marginales, ya que proceden de ámbitos bien acomodados. En ambas estampas domina el vacío, el hueco de la existencia.

En este caso, rozan la oligofrenia, pero baraja similares componentes que en su predecesora. Así, nuevamente los vemos jugando con el sexo y con las drogas mostrándose una existencia sin rumbo, sin motivaciones, desjuiciada, desorientada y amoral. Se comenta que es un retrato hedonista, pero Larry Clark no muestra el placer que obtienen con el sexo y las drogas (incluso al contrario, porque se detallan dos escenas de violación, una en fuera de campo y otra explícita), sino que lo muestra como algo inherente en sus vidas. Lo que podría ser en otros adolescentes el deporte o las consolas aquí es el sexo y las drogas.

Para ello, Larry Clark no escatima detalles grotescos y sórdidos. En ese sentido, la primera parte de situación (y la mejor del largometraje), centrada principalmente en Marty Puccio y en Bobby Kent, ya nos dibuja la relación de amistad intoxicada por los sentimientos de inferioridad de ambos (y ambos responden a esos sentimientos de forma opuesta) en lo que vemos una situación clara de sometimiento y de sadomasoquismo. Así, esta relación de amistad, aderezada con una más que evidente homosexualidad latente, perfila sin ningún miramiento el rol de sádico de Bobby Kent (destacar al respecto las escenas de Bobby Kent desnudo mirándose al espejo) y el rol de masoquista de Marty Puccio. Lo que en otras manos más sutiles y más refinadas, podría ser el subtexto de la relación de amistad, en manos de Larry Clark al estilo de Todd Solonz, dicha situación perversa es el sustrato exterior y visible de la relación. Por lo que el espectador no deduce o interpreta signos soterrados, sino que ve.

La aparición de Lisa Connelly en la vida de Marty Puccio, como una Lady Macbeth idiotizada (impagable una de las escenas finales en las que Lisa le pide a su vecina que le acompañe en coche al lugar del crimen) desencadena la tragedia. Así poco a poco se va poblando la pantalla de más personajes del mismo ámbito de Lisa Connelly, la artífice inconsciente y se va fraguando una historia de venganza, en la que la idea del crimen se implanta en el seno de los personajes como un juego más, desprovisto de todo valor ético.

Larry Clark apabulla con crudeza y virulencia, filmando a golpes inestables y erráticos, con lo que la imagen y los movimientos refuerzan la desestabilidad emocional y psíquica de su personajes. Por ejemplo, largos y rápidos travellings circulares mareantes en las escenas en las que se reúnen para planear el crimen, cámara en mano con pulso quiebro en los momentos de tensión, etc...

La película funciona muy bien en su primera mitad, en la descripción de las situaciones (cosidas a bases de elipsis) que van provocando las causas y circunstancias que van conformando el crimen. Una vez que se ha realizado el crimen (reseñable también la gran intensidad y fuerza visual del crimen, destacando ese picado en el que enfoca a una de las chicas temblorosa, temblando en posición fetal en la parte trasera del coche), la película pierde fuelle aunque resulta muy interesante comprobar como estos adolescentes parecen tomar conciencia por primera vez, de que esto no es un juego, saliendo a relucir todos los traumas, inseguridades y desequilibrios emocionales y psíquicos de cada uno de los personajes.
También se puede acusar un mejor manejo cuando se centra en Booby Kent y Martin Puccio (los retratos de ambos están mejor perfilados) y así el resto de personajes aparecen erráticamente trazados y con menor dimensión. Por lo que se pierde la sensación de artefacto compacto.

No obstante, es apreciable por la gran fuerza emocional y visual con la que dota a su relato, por la descarnada y sañuda visión de la adolescencia, por su visión nociva y pesimista de las generaciones del futuro , en la que las breves apariciones de los adultos en el film, vienen a subrayar y a contextualizar ese resuello de víctimas, de prisioneros de unos adultos que no conocen a sus hijos, que están convirtiendo a sus hijos o en sujetos pasivos o en monstruos, sin darse cuenta del alcance. Ya lo dice el tag de la película: ¿Sabes lo que hacen tus hijos a las 4 a.m?

Recomendable a todo aquel que el nihilismo, irreverencia y grafismo amoral exhibido en el film no le vaya a resultar insultante y ofensivo (como así parece provocar en mucha gente que la ha visto). A ese respecto, me hace gracia, el argumento despectivo utilizado y bastante recurrido, tildando a Larry Clark de pornógrafo pederasta por esa explicitud de la que hace gala al reflejar las perversiones asumidas por su personajes como algo sin ninguna connotación moral y/o ética.



Trailer de Kids:


Dark Water


Resultado altamente satisfactorio aunque considero que es la que más se aleja del género. Ya lo comenté en el comentario de La Maldición cuando hice referencia a Dark Water. Más que un film de terror piscológico, estaríamos ante un film de terror con un fuerte sustrato dramático y meláncolico, en el que incluso, la aparición fantasmal de rigor en todo film de terror, incluso podría decirse que realmente no existe sino que vendría a ser un rasgo evidente del estado de enajenación mental de la protagonista.

Con ese aspecto, quiere jugar en su contra, el ex-marido de nuestra protagonista al tratar de arrebatar la custodia de su hija, y el final, tiempo después, en el que la hija adolescente se reencuentra con su madre, precisamente viene a reincidir en ese aspecto. Un final confuso en apariencia, pero que funciona como metáfora, como un epílogo simbólico.

Esta teoría se refuerza por la forma de rodar dicha secuencia: embargada en una atmósfera de sueño, etérea, nos da la sensación de que todo lo que hemos visto anteriormente fue producto de la imaginación desequilibrada de la madre en su firme voluntad de mantenerse junto a su hija.

De hecho, no es casualidad, la escasa presencia de los hechos sobrenaturales y de la niña-fantasma, cada vez más presente en perfecto paralelismo, al estado mental cada vez más débil de la madre. A medida que se va resquebrajando la estabilidad mental de la madre, la sucesión de hechos espectrales se suceden de forma más frecuente en una clara ascensión narrativa. Y no es casualidad en ese sentido, que la niña-fantasma sea otra niña abandonada por su madre (en perecta equiparación a lo que fue su pasado) y que venga desde el más allá para arrebatarle a su hija, en perfecto simbolismo del temor irracional en el que se ve sumida.

He aquí la grandeza del film. A partir del clásico relato de fantasmas, Hideo Nakata ofrece una segunda lectura, perfectamente interrelacionada y que no niega ni desvirtua la narracción sobrenatural sino que la complementa y la refuerza dándole por tanto mayor densidad y profundidad al guión. Por lo que nos encontramos acurrucada una segunda línea temática bajo la superficie, la cual se nos muestra de forma subliminal para que progesivamente a medida que se va desarrollando la narración, vaya aflorando más al exterior.


Ello provoca, que se puedan dar diversas interpretaciones al significado de la historia, todas ellas válidas y como ya digo una no niega a la otra. No se pueden discutir las interpretaciones porque todas ellas son válidas. Todo depende del ojo que la mira y de los aspectos que nos han llamado la atención. Yo, como opción personal, me decanto, por la idea de que todo existe en la mente enferma de una madre y por tanto la historia de fantasmas funciona como alegoría de la inestabilidad mental del personaje.

Se asocia asiduamente este film con El resplandor de Stanley Kubrick y algo de cierto hay en dicha relación. Al margen de la escena claramente deudora (u homenaje claro) en la que del ascensor emerge una gran oleada de agua sucia en clara equidistancia con la escena de ríos de sangre de El resplandor, también en la de Kubrick, un relato de corte fantástico sirve de soporte para narrarnos la desintegración/degradación mental de un escritor.

Película por tanto de una riqueza y complejidad temática insuperable, rodada muy al estilo japonés, con una planificación depurada, directa, sin efectismos, clásica en definitiva en el sentido de escasos recursos pero bien utilizados, en la que el aspecto inquietante pasa a desplazarse por una tristeza y melancolía presente a través de una atmósfera que se ocupa por azules días de lluvias y apagados tonos ocres (excelente fotografía) y situada en una vivienda de pisos embargada en un enardecedor halo de misterio y en el que la soledad en la que vive la madre y la hija, viene a conformar el tono adecuado y acertado de todo el film.


sábado, febrero 09, 2008

La ciencia del sueño


La imaginación, la vigilia, la equidistancia entre realidad y ficción, entre realidad y sueño.Y el amor, entre dos almas, dos vidas conectadas pero que solo hacen que girar en torno a ellas en una sucesión de desencuentros, que por muy cerca que se encuentren en el plano físico jamás llegan a unirse obstruidos por los temores, por la inseguridad y por la creencia fútil del amor no correspondido. Todo resulta muy interesante...sobre el papel.

Michel Gondry, después de Olvídate de mí, una de las mejores películas del 2004, tiene el reto de tirarse a la piscina sin red. Es decir sin Charlie Kauffman aportándole un sólido guión. Y desgraciadamente la narración se resiente.

En sus trabajos previos en el área del videoclip, especialmente cuando trabajaba para Björk, podíamos ver en sus realizaciones un talento visual basado en la realización artesanal, en el trabajo de materiales asociados a las manualidades que realizábamos en la escuela primaria con celofán, cartón, papel pinocho, cartulinas, telas, etc.. Y un uso de técnicas cinematográficas en desuso combinadas con cierta tecnología avanzada que acaban conformando un universo personal, propio y original con unas marcadas raíces naïf.
Michel Gondry juega con la idea de efecto pero sin ser "especial". Reivindica las técnicas antiguas en las que el cine era un hueco más en las barracas de feria, con su capacidad de ensoñación a través de trucos ópticos, juegos de dimensiones, superposición de materiales y escenarios, insertando a los personajes humanos en un mundo irreal de "cartón-piedra" con elementos asociados a la infancia y a la preservación de la inocencia.
Mélies, Ray Harryhausen y la técnica del stopmotion, los cortos de Europa del Este con muñecos de trapo animados, etc...

Human Behaviour - Björk (1993)


Así pues, La ciencia del sueño, se nos presenta como una prolongación de lo ensayado ya en los vídeo-clips más famosos de Björk. Por lo que, se pierde la capacidad de sorpresa. Todo se exponencia de forma desmesurada, confrontando el mundo onírico y real estableciendo una trenza de escenarios en la que se borran los límites que demarcan donde empieza un espacio y otro.
Las fugas hacia mundos oníricos entroncadas con el arraigo que supone el poso de nuestra de nuestra infancia, son constantes en el largometraje hasta el punto de que el protagonista, un evidente alter-ego del director, pierde la orientación, y nunca parece saber bien a qué ámbito su mente le está conduciendo, si a una percepción empírica de la realidad o bien a una percepción sensorial distorsionada por su caudal de imaginación artística. Esa reiteración acaba lastrando al film, porque el peso narrativo es mínimo, es más una cuestión expositiva. La trama no avanza con los diversos episodios (ni tampoco son disgresiones conceptuales que bifuquen las líneas temáticas del film porque todas ellas responde a un mismo motor), con lo que sutilmente, el film acaba convirtiéndose en una sucesión de videoclips que parecen descartes de imágenes ya utilizadas en su trabajo videográfico anterior.



No negaremos la coherencia con su trabajo fílmico y audiovisual anterior, su potencia como director multidisciplinar con una huella indeleble y reconocible. Pero la consistencia y la férrea construcción dramática de su anterior film, aquí está ausente, con lo que parece quedarse la película un poco hueca.

El tono del film es otro, Gondry esta vez quiere ir ligero de equipaje, nos conduce de forma liviana por los senderos de la comedia romántica ligera a través del exorcismo de sus vivencias de juventud. No es ese el problema, porque como comedia, sí que te puede mantener la sonrisa en los labios, pero el aspecto romántico pierde fuelle, aparece desdibujado, poco definido y vagamente tratado a pesar que la línea temática prácticamente se puede reducir a eso o parece centrarnos en eso. No esperaba pues, la intensidad emocional de su anterior film, pero tampoco me esperaba la torpeza que creo haberme encontrado. También contribuye a ello, a algo no intangible pero que tiene su peso en todo film romántico que se precie. Y es la falta de química entre la pareja protagonista. No tengo claro si se debe a un error de casting o a una pobre interpretación de Charlotte Gainsbourg, pero sinceramente, Gaël García Bernal no funciona bien con Charlotte Gainsbourg. Y a veces la pulsión romántica en un film se reduce a eso.

Respecto a Gäel García Bernal, valoro su esforzada y voluntariosa interpretación enérgica de su caracterización. Le imprime mucha vitalidad y frescura a su personaje, un optimismo y una felicidad muy naïf muy acorde con sus sueños, así como refleja muy bien ese carácter introvertido. También capta muy bien ese aliento de animal frágil herido ante los desprecios de la gente.Refleja muy bien ese entusiasmo, que vaya a saber usted por qué, me recordó a Johnny Depp en Ed Wood. Él sí que me convence y creo que se ajusta muy bien a lo que Gondry nos quiere transmitir.
Así pues, este canto encendido a la libertad adquirida a través de la imaginación (por la anarquía del celofán es el enblema del film), esa oposición de infancia versus madurez, naturaleza versus ciudad, onirismo versus alienación social, tiene todos los ingredientes para gozar de mis simpatías, tiene a un director del que admiro su trabajo, tiene a una actor protagonista que cumple con su cometido, pero la película me acaba fallando por su flaqueza argumental, y por su incapacidad de conexión emocional, pliegues y fisuras que acaban perjudicando al film.
Y de verdad, que con la mitad de Olvídate de mí ya me habría bastado.





miércoles, enero 23, 2008

Heath Ledger

Hoy ha fallecido en trágicas circunstancias Heath Ledger. La noticia de su muerte que me ha llegado vía telefónica, sms y mails, me ha producido cierta consternación. Una consternación estúpida, sin duda, pero esto son cosas que tiene la mitomanía.
El aliento trágico de su personaje inolvidable y para el que esto escribe, seguramente uno de los personajes imborrables en mi larga trayectoria cinéfila (que ya lo fue desde el momento que vi Brokeback Mountain), con la muerte prematura del actor que lo interpretó, adquiere una corporeidad física inimaginable. Esa sensación es la que me produce la sacudida al saber de su defunción.
Jack I swear....



Descanse en paz.


lunes, enero 21, 2008

Election


Existe una creencia respecto a los directores que se consideran autores. Se dice que un rasgo distintorio de un director-autor, es aquel siempre hace la misma película. Yo, como espectador a veces me siento de la misma manera. Es decir que estoy escogiendo siempre las mismas películas.

La mafia es uno de mi sub-géneros y/o género (dado el gran volumen existente) favorito. No me voy a interrogar ahora aquí por los motivos de esa atracción y magnetismo respecto a esta línea recurrente en la ficción cinematográfica, pero sí que soy consciente del hecho.
Ahora que estoy abordando Los Soprano, Election de Johniie To era casi una elección inevitable (valga la redundancia). De la película (y de su director) que nos ocupa era uno de esos films de los que había leído mucho pero por X o por Y, se escapaba a mi alcance. Y esta vez con este director he querido empezar tal como empezó a conocerse aquí en España (gracias al trampolín que fue el festival de Sitges). Es decir, he querido empezar con Election.

El argumento casi se reduce al título de la película. La motivación argumental es bien sencilla:
Ha llegado la hora, como sucede cada dos años, para los miembros más veteranos de la tríada más antigua de Hong Kong –la Wo Shing Society– de elegir a su nuevo líder. Las rivalidades feroces emergen entre los dos candidatos a hacerse con el cargo. Lok (Simon Yam) es el favorito para ganar, pero su rival, Big D (Tony Leung Ka-Fai), no se detendrá ante nada para que eso cambie, incluyendo ir en contra de años de tradición e influenciar el voto con el dinero y la violencia. Una lucha por el poder que amenaza con partir a la tríada en dos. ¿Podrá la Wo Shing Society mantener el equilibrio entre sus métodos tradicionales de fraternidad y el mundo de los negocios del siglo XXI?
fuente:http://www.filmaffinity.com/es/film731140.html

A pesar de su sencillez, es fácil perderse entre los personajes que van poblando el film en el empeño de situarlos en el marco que corresponde a cada uno. Cuando la película arranca con la acción y con las persecuciones en una especie de "en busca del arca perdida" (en este caso un cetro) uno no sabe muy bien si X pertenece al bando de Big D o al bando de Lok (especialmente toda la parte de la trama que transcurre en China).

Ya me pasó algo similar cuando me leí la novela de El Padrino. En mi afán por ubicar a todo personaje que fuese mencionado en el libro provocó que me hiciese una especie de árbol genealógico para no perderme en el marasmo de personajes citados en la novela.

Los parecidos con El padrino no sólo acaban aquí. Me sorprende en lo que he leído a posteriori sobre la película, que nadie mencione los parecidos más que razonables con la saga Corleone. ¿Son tan asumidos a la hora de analizar cualquier película sobre la mafia que ya ni merecen ser mencionados? O bien, ¿existe una excesiva pleitesía al cine oriental, por lo que mencionar dichas similitudes, puede implicar una resta a los valores cinematográficos de la película en cuestión? Me cuesta creer que nadie haya detectado esta referencia que aplasta y ahoga al film, cuando resulta más que evidente que Big D no deja de ser un trasunto de Sonny Corleone y que Lok es un más que claro Michael Corleone. En ese sentido, tampoco Johnnie To, juega la baza del suspense en su film (afortunadamente, ya que hubiese sido una batalla perdida). No articula ninguna intriga en torno al enigma de saber quien será elegido presidente de los dos candidatos y teniendo presentes estos dos referentes planeando los dos personajes principales, menos todavía.

Creo que hay una conjugación de los dos interrogantes. Alabar aquel cine oriental que viene con una pátina de prestigio en su paso por los festivales per se, porque es oriental, suele definir un signo de distinción y la gente muere por exultar una pose, cuando hablamos en términos cinéfilos.

También es cierto que cuando abordo una película sobre la mafia, ya llevo incorporado de forma inherente, que la referencia a la mayor saga de la historia de la historia del cine va a estar presente en algún lado. Hoy en día parece imposible salirse de los cánones impuestos por dos películas seminales en lo que se refiere a la mafia. O se adopta la línea de El Padrino trazada por Coppola, o nos desplazamos por la línea de Uno de los Nuestros.





Aunque uno ansía lo contrario. Uno siempre espera encontrarse con una tercera vía que suponga por tanto un soplo de aire fresco a un género encorsertado tanto en lo que se refiere a estilo narrativo como en aspectos formales. Pienso por ejemplo, en el western que responde a unas características muy delimitadas pero que fue evolucionando. Planteamiento absurdo y contradictorio cuando es cierto que siempre acabo volviendo a la misma película una y otra vez.
Es cierto que sin haberme acercado mucho a la cuestión de las tríadas, tampoco me esperaba encontrarme de forma tan clara un referente occidental. Aunque si lo pensamos bien, ese debe ser uno de los motivos que haya propiciado el estreno del film en nuestro país, máxime cuando es un director que llevaba una extensísima carrera sus espaldas.
Así que, ¿qué hacemos con la saga Corleone atravesando Election? Lo consideraremos como algo "inevitable". Un signo más de la globalización en la que estamos inmersos y que el cine no queda exento.
No negaremos la honestidad de Johnnie To en relación al marco referencial de su film. En el aspecto formal no duda en recurrir a la composición deudora del tenenebrismo y/o clarooscuro con aire neoclásico ya utilizada por Coppola en escenas por ejemplo como las de las "reuniones" en las celdas de la prisión o la secuencia inicial de la irrupción de la policía en una reunión habitual de los "tíos" de la tríada. Asimismo, una de las escenas finales, cuando ya se designa uno de los candidatos, las muestras de respeto de sus subordinados al nuevo jefe elegido, responde sin duda a la famosa secuencia final de El Padrino, en la que "asciende" Michael Corleone.


Así pues, Johnnie To recurre a la economía visual, a una depuración formal, creando una atmosfera seca, que no llega a la belleza formal de El Padrino pero que se aleja de las piruetas visuales tan del gusto de Scorsese. Asimismo establece un lenguaje cinematográfico ritualizado en consonancia a la característica inherente de la tríada que describe. Si en la tríada estalla una batalla interna entre la pervivencia de la tradición (simbolizada en Lok) y la adaptación a la sociedad moderna (simbolizada en Big D), Johnnie To a la hora de visualizar su historia parte del atavismo iconográfico ya asentado por El padrino en el cine moderno.

Tambíen como El Padrino, Johnnie To en su exploración y disección en la tríada que nos ocupa, pretende explicar la historia de China "no oficial", así como Francis Ford Coppola recurrió a El Padrino para hablarnos de la otra historia del sueño americano. A tal efecto, describe con sumo detalle, el fuerte hermetismo en el que está sumida la organización, la compleja jerarquización, el origen de las tríadas en la sociedad china, los rituales a los que están sujetos y la convivencia de ellas con la sociedad actual. Así pues la policía en su film la batalla contra el crimen organizado la da por perdida. Únicamente velan por mantener el status quo y solo intervienen cuando se avecina un conflicto, tratando de evitar guerras internas que supongan ríos de sangre y convulsen la sociedad.

Por lo que Johnnie To a través de las tríadas y de sus dos personajes protagónicos, establece una topografía de un convulso Hong Kong, en un difícil equilibrio entre el respeto ancestral y el cuestionamiento de valores heredados.

¿La violencia? Como en todo largometraje que disecciona una organización criminal, aquí está presente, pero sin recurrir a la violencia gráfica (el fuera de campo es nota común en dichas escenas), en una dosificación gradual de violencia a medida que la situaciones se van crsipando, culminando en un final revelador donde descubrimos al intuido león dormido.

Por lo que puede resultar de interés a los amantes del género con afán completista (como es mi caso), pero a su vez, tampoco deslumbra ni contiene momentos para recordar (exceptuando su final). No peca en ser demasiado discursiva, ni en ser excesivamente concisa y el guión pese a su marasmo de personajes que maneja, se muestra aceptablemente bien construido, aunque muchos momentos puramente antropológicos podrían haber sido escatimados.

Por cierto, no querría finalizar sin comentar que el cartel del film, es uno de mis favoritos.



sábado, enero 12, 2008

Planet Terror

Una de arena. Tenía ciertas reticencias a este film ya que ninguna de las películas que he visto de Robert Rodríguez me habían convencido. Incluida Sin City que me pareció un ejercicio esteticista vacuo y aburrido. Temía encontrarme con más de lo mismo. Pero digámoslo ya, para mí la mejor película de Robert Rodriguez. Una vez vista, una película así solo puede ser encajada en un director desprejuiciado como él. No olvidemos que tiene en su haber la trilogía de Spy Kids.

Parece que el cine de terror USA actual para poder obtener resultados debe sin duda remitirse al cine de terror de los años 70 USA. El remake de Las colinas tienen ojos por ejemplo, dobla o triplica en calidad al film original, intensificando lo que el original apuntaba, aumentando lo que en el original no se atrevió a llegar a más lejos y corrigiendo los errores del film original. Asimismo, no llega a niveles estratosféricos pero es un remake también a tener en cuenta, bastante apreciable, el que se hizo de La matanza de Texas a cargo de Marcus Nispel.
Ahora recientemente nos llega también la revisión de otro gran clásico del cine de terror Halloween dirigida por Rob Zombie, director, que ya en sus anteriores films, ya tenía la mirada fija en el cine de terror de los años 70.

Llegados a este punto, nos vienen Robert Rodríguez y Quentin Tarantino con su proyecto Grindhouse, en el que esta vez no venden una película sino más bien venden una idea, un concepto en el que engloban sus dos films. La wikipedia al respecto nos dice:

"Grindhouse es una película estadounidense de terror dirigida por Robert Rodriguez y Quentin Tarantino, estrenada el 6 de abril de 2007 en Estados Unidos y que consta de dos partes, Planet Terror y Death Proof,también cuenta con unos trailers falsos que unen la pelicula
El film es un marcado homenaje a las películas de la década de los 70's (principalmente), pertenecientes al género denominado Grindhouse (surgido en
Estados Unidos) que, por metonimia, se refiere a las salas de cine que proyectaban películas gore y de serie Z, habitualmente en sesiones dobles y en pésimas condiciones y, también, al género cinematográfico"

Entiendo que el proyecto no se haya entendido y especialmente la película que nos ocupa. Yo evidentemente por una cuestión generacional-espacial no fui un espectador de aquellas salas Grindhouse que poblaban Nueva York entre otras ciudades.
Pero uno tiene ciertos años a sus espaldas y en su infancia-adolescencia, (aquella que nunca acaba de terminar), fui un redomado freakie del cine de terror. Así, me metía en vena sesiones maratonianas de ciclos de terror en el cine del pueblo (5 seguidas non-stop), a cual peor. Allí viví con frencuencia eso de ver la película rallada. También fui testigo de presenciar como los rollos se quemaban, o bien, proyecciones de films con las bobinas desordenadas. Ni que decir tiene, que estabámos acostumbradísimos a los habituales desenfoques y pérdidas de color por la baja calidad de las copias. Legendario, un engendro llamado "Cocodrilo asesino" o algo así, y que puestos a ser cutres, el doblador del chico fuertote masculino era el mismo de la chica rubia protagonista (¡!). Y por supuesto nos vimos toda la Troma, todas las de Reanimator y derivados varios.

Planet Terror reinvidica el zine (con z) sin tratar de realizar un homenaje situándose por encima de lo que parodia. No, lo que desea es incribirse en la la categoría de clase Z por derecho propio. Vista mi experiencia fílmica, toparme con Planet terror es lo más parecido que puedo encontrar al hecho de rejuvenecer a través del gozo fílmico. Ya que todo lo que he enumerado, Robert Rodriguez no escatima en utilizarlo en su película, convirtiéndola en el film de serie Z más caro de la historia. Intencionadamente y con un espíritu lúdico, claro. Recordemos que Sin City ya era un ejercicio posmoderno en su conversión formal y argumental de asimilarse lo más posible a la novela gráfica pulp de la que toma referencia. Recuerdo que Warren Beatty ya trató de hacer lo mismo con su fallido pero interesante Dick Tracy). En este caso, quizás por mi bagaje cultural (porque la baja cultura, también es cultura), esta vez, Robert Rodríguez ha conectado conmigo plenamente.

Me comentaba mi pareja, bien lejos de una película purulenta, excesiva y un pleno delirio festivo, que se me oía reir durante toda la película. Y no lo recordaba pero seguro que encontrarme con una una oda encendida al entretenimiento sin ninguna atadura, a buen seguro que provocaba en mí la complicidad absoluta.
Porque estamos ante un director travieso que disfruta con el juguete que tiene en sus manos. Y esa pasión y disfrute sabe imprimirlo al espectador.
Enumerar las referencias que maneja la película sería una lista interminable y ya se mencionan en muchos lugares de la red y prensa en general. Todos los que hemos vistos películas de zombies , gore de los 80, cine de John Carpenter, etc. las verá disgregadas recorriendo la película en un turmix frenético e hilarante.

Uno nota que han pasado los años en casos como éste. Porque lo que en aquellos tiempos era un acto puramente social, Planet terror la vi a solas en mi casa y con la mirada nostálgica puesta en aquellos tiempos.
Así que, viejos amigos, si nos volviésemos a reencontrar, hagámoslo para ver todos juntos Planet Terror.
Y encima el protagonista es Freddy Rodriguez, que para quien no lo sepa, Rico es como de la familia.




viernes, enero 11, 2008

Inland empire

Una de cal. La siguiente entrada será la de arena. En este caso, se trata de un director del que he visto toda su filmografía y hasta que no he visto su última película, no había llegado a la gran decepción. La siguiente entrada es justo al contrario. Hablaré de una película de un director que nunca me ha gustado, hasta que nos presenta su último largometraje.
Siempre he creído ser un seguidor de David Lynch, hasta que llega el momento en el que conoces gente verdadera devota del cine de Lynch que te hacen ver que estabas equivocado. También es verdad que en mi caso particular, es un director que me ha funcionado mejor en épocas de turbulencias anímicas personales que en épocas reposadas. Por establecer un símil musical, me pasa lo mismo con la música de Nine Inch Nails.
Hay muchas canciones y películas, que independientemente de la época en la que son visionadas, perduran en tu interior de forma prominente, las sientes cerca como compañeras de viaje, nunca te abandonan. David Lynch y su cine, me vino a mí en el momento adecuado. Seguramente en el presente, el efecto hubiese sido muy distinto. Eso no significa que sus películas o Twin Peaks (punto de inicio al universo Lynch como fue para mucha gente de mi generación) hayan perdido vigor con el tiempo o hayan envejecido. Pero el recorrido por los recovecos oscuros del alma negra a través de la iconografía lynchiana, ya no es paseo recurrente como lo fue en años anteriores. Como islote, eso sí permanece Una historia verdadera, la ventana de Lynch a la luz, al humanismo, entendido como:

"El equilibrio en la expresión, que debe ser clara, y no recargada ni conceptuosa (...)Se restaura la fe en el hombre porque posee valores importantes que no conviene despreciar."
¿No temes quedarte sin ideas?
Claro, pero por eso hago meditación todos los días, porque cuando meditas, trasciendes y experimentas el desatado e infinito océano de la creatividad. Y las ideas comienzan a fluir fácilmente.
fuente:http://www.blogdecine.com/categoria/frases-citas/record/40

Bien, pues en mi carta a los reyes magos para David Lynch, le pido varias cosas:
1) Visto el resultado de Inland Empire, que abandone ipso facto la meditación trascendental.
2) Que abandone el vídeo digital.
Y siendo consciente de que hablo de lo que no tengo ni idea, de la misma manera que su película representa para mí la negación absoluta de lo que entiendo por cine, considérese lo que escribo como la anti-crítica.
¿Qué podemos comentar? ¿El guión? ¿La historia? ¿Los actores? ¿La fotografía? ¿La música?
Empezando por lo último, noté la ausencia de Badalamenti de forma terrible.
¿La fotografía y/o elementos estéticos? Alguien tendrá que decirle a David Lynch, que el uso del digital no está a la altura de alguien tan profesional, como él siempre ha sido. Por momentos, la película parece amateur. Las atmósferas oníricas se diluyen entre los pixeles. Por no hablar de la penosa iluminación poco matizada.Ese es el problema. Desaparecen todos los matices, variaciones y gamas, para formar algo demasiado saturado, sucio y poco pulido. Al respecto, se le pregunta, tal como vemos en Cahiers du Cinema, Enero 2008, el motivo de trabajar con vídeo de baja definición. Lynch argumenta que le permite rodar durante más tiempo que con una cámara convencional. Así pues, a esa mayor libertad creativa, parece sacrificar el acabado formal. Una opción que puede satisfacerle a él como creador de su obra pero no a mí como espectador.
Lynch siempre ha sido el artista de la sugerencia y de la inquietud, sabiendo utilizar los recursos plásticos de forma magistral. El vídeo digital no le permite demostrar su oficio. A mí personalmente me deja fuera y me mantiene alejado de lo que veo. Cierto es, que el feísmo de su propuesta formal podría haberle sentado bien a su viaje al corazón de las tinieblas. Pero desgraciadamente, en mi caso no ha sido elemento complementario sino terriblemente distanciador.
Por no hablar de parecidos más que razonables. Nótese al respecto la forma de encuadrar en el plano a la actriz Grace Zabriskie y compárese a Réquiem por un sueño y ciertos planos de Ellen Burstyn. Lo mismo podríamos decir de aquellos planos en los que vemos correr a Justin Theroux.
¿Los actores? Siendo conscientes que ellos estaban en la cuerda floja, que no disponían de una historia de principio a fin a la que asirse, sino que su interpretación se construía a base de retazos aislados, de pequeñas set-pieces sin aparente conexión, Laura Dern es la que mejor sabe afrontar el desafío planteado. El resto hace lo que puede, aunque vi a Jeremy Irons despistadísimo.
¿La historia? Con la iglesia hemos topado. Lynch en su afán de subvertir los géneros, de darle la vuelta, de explorar nuevas vías narrativas, de romper toda línea temporal y espacial a favor de explorar vías oníricas, nos llega a Inland Empire, no rompiendo algo sino directamente deshaciéndose por completo de cualquier lógica, te sitúes en el campo que te sitúes. Parece que no crea depender de nada para explicar su historia, (hasta el punto que su film se convierte en la negación absoluta de lo que entendemos por narrar), y de la misma manera que nos podemos enfrentar a un cuadro de expresionismo abstracto, pretende convertir su film en la misma sensación.
No habría objeción a ello si tuviésemos otros recursos que nos permitan cierta adhesión a lo que vemos. Porque sí que hay abstracción (demasiado reconcentrada, uno echa en falta algo de esos toques de humor tan suyos), pero lo que es expresionismo, más bien nulo. Creo que ha jugado en su contra demasiada dispersión de ideas. Esta vez, esa libertad creativa que le ha permitido su Sony PD 150 le ha jugado en su contra. De ahí mi "broma" respecto a la meditación trascendental. Podría aceptar digresiones tan habituales en él en la narración, pero llevar al límite esa idea para dinamitar por completo la narración, creo a mi parecer que ha resultando perjudicial
Creo que esta vez Lynch se ha mirado bastante a su ombligo, en el sentido que no ha sabido salir de sus vías de expresión para tratar de ser mínimamente comunicativo con el receptor. Ha filtrado tanto a su público, que parece que, o te acercas al film de una determinada manera o ya no eres espectador válido. Y a mí las imposiciones, por tendencia natural, suelo rebelarme.
Puede ser que estemos ante la vanguardia cinematográfica por antonomasia como parecen decirnos los de Cahiers du Cinema. Puede ser que estemos ante el "cine del futuro" y yo no haya sabido verlo. Pero mi mirada emocional ante el cine, esta vez rechaza a Lynch por muy avanzado que esté a su tiempo.
Otra vez será Lynch, otra vez será....

lunes, octubre 08, 2007

Los tenenbaums. Una familia de genios


¿Cómo encarar una reseña de un film de Wes Anderson? Comento Los Tenenbaums pero creo que, en líneas generales, lo que vaya a considerar bien puede aplicarse al resto de su filmografía (al menos las que he visto). Es lo que me gusta de él, que tiene una manera determinada de narrar, una forma de tratar las situaciones y personajes muy características y personal. Quizás el film que abordo sea el más logrado así como también el más ambicioso (que no significa que sea grandilocuente) y el que situó definitivamente a Wes Anderson en el mapa.
Su cine no es para todos los gustos aunque se suela centrar en la comedia. No soy uno de sus adeptos a su universo aunque tampoco sea de sus detractores más recalcitrantes. Valoro su mirada personal en el difícil mundo de la comedia y sus films, por lo general, suelen entrarme siempre con muy bien pie. Aunque de la misma manera que me entran, me acaban agotando hasta el punto de perder la paciencia y desear que finalicen. Me da la sensación que estira en demasía sus historias y más cuando sus líneas argumentales (las cuales son muy tenues) a veces casi se reducen a anécdotas. Ésta dura 110 minutos, pero me sucedió lo mismo con Academia Rushmore que duraba 97 minutos o Life aquatic que ya alcanzaba las dos horas.

Wes Anderson aborda el espinoso asunto de la familia desde un tono agridulce. Una familia de excéntricos y sus problemas (seguramente el adjetivo más utilizado para hablar de su filmografía) filmada de forma extravagante.
Si recordamos la estupenda Pequeña Miss sunshine allí acudimos a una familia compuesta por losers un tanto estrambóticos, pero la puesta en escena y la narración apuestan por el clasicismo, tratando de establecer un costumbrismo que acerque a los espectadores. Recordemos que también es una comedia agridulce y muy luminosa, de colores cálidos. En ese sentido, Pequeña Miss sunshine, el film en su conjunto o la filmación, no se contagia de la singularidad de sus personajes (un anciano adicto a la heroina, un adolescente que se niega a hablar...)

Wes Anderson puebla la pantalla con personajes "estrafalarios" pero a diferencia de Pequeña Miss Sunshine, sí que enfoca el film desde la excentricidad. También estamos ante una comedia luminosa y de colores muy cálidos, - el beige, el rojo teja, el ocre etc... predominan en la fotografía amén del vestuario escogido para todos los personajes,- pero la filmación recurre intencionadamente al artificio. La película se presenta como una falsa obra de teatro, estructurada en 8 capítulos, mimetizando así a uno de su personajes, Margot, que escribe/ía obras de teatro. Así como el jugueteo que establece con el falso documental. Además, la cámara sigue a los personajes, como de repente, te los deja fuera de campo de forma caprichosa o te los mantiene de frente estáticos en un plano medio americano (el más recurrido en toda la filmación), o te establece barridos inesperados que rompen la lógica de la secuencia.
Sin duda el formato escogido, (panorámico con ratio 2:35:1 que por otra parte es el que utiliza en todas sus películas desde Academia Rushmore), amplía el plano y le permite establecer mejor sus juegos de cámara. De esta manera, también acentúa el aspecto teatralizado y horizontal que Wes Anderson nos quiere plantear.

En ese sentido, el juego no se reduce a unos caracteres erráticos (exteriormente e interiormente) y a una filmación antojadiza, sino que también a unas situaciones que recurren mucho al teatro del absurdo introduciendo elementos discordantes en el marco de las situaciones.
A tal efecto, la película (ésta y todas las suyas) está plagada de ejemplos al respecto:
La tienda de camping infantil en la que se "aloja" Richie en la parte alta del edificio. El lugar que escoge Chas para hablar con su padre en privado (un armario estrecho abarrotado de juegos de mesa). Los taxis destartalados de la compañía Gipsy Cab, la presencia en el hospital del niño que estudia Raleigh St. Clair, la escena en la que Pagoda "acuchilla" con una mini navaja a Royal, etc....

Con este tono "marciano" y arraigado en el teatro del absurdo es como Wes Anderson encaja material potencialmente dramático (en la película se abordan temas como el suicidio, el amor incestuoso, la toxicomanías, el odio paternofilial, etc....) y lo filtra en su concepción narrativa.

Película, en definitiva, curiosa y atractiva, con una puesta en escena muy atrayente, y una estupenda banda sonora, amén de un elenco interpretativo de campanillas, en el que sobresale Gene Hackman como el patriarca bon vivant de la familia desterrado. La lástima, es que la película se acaba agotando antes de tiempo, como suele sucederle a Wes Anderson.

jueves, octubre 04, 2007

Todos nos llamamos Alí

Y sin que sirva de precedente, en este caso, el título español es muy adecuado ya que resume en una frase todo el espíritu de la película. El título original viene a decir algo así como "Cuando el miedo se come el alma". Si bien, es una de las frases que se mencionan en el film, dicho título hace pensar en un film con cierto aire poético, que sin duda alguna, la película no es. Tampoco es que sea un largometraje chusco.

Según se dice, hablamos de un remake de Sólo el cielo lo sabe de Douglas Sirk, film original que también fue revisitado por Todd Haynes en aquel ejercicio posmoderno y metalingüístico que fue Lejos del cielo, con una memorable Julianne Moore. En el film de Douglas Sirk, una pareja compuesta por una madura de la alta sociedad (Jane Wyman) y un jardinero más joven de clase social humilde (Rock Hudson) luchan por su historia de amor frente a las convenciones sociales.
En la película que nos ocupa, los dos protagonistas son desclasados. Se mantiene la diferencia de edad pero se añaden las connotaciones raciales a la historia de amor. Ella es una limpiadora alemana, antigua seguidora del partido de Hitler y él es un marroquí.
Para precisar mejor los rasgos de xenofobia que posee la sociedad alemana respecto a los mulsumanes, la acción se sitúa después del atentado de Munich, con lo que las actitudes xenófobas que sufren los marroquíes se plasman en mayor auge.

Así pues, la mujer en su voluntad de enamorarse de un joven marroquí y querer casarse con él, encuentra la firme oposición y rechazo de su entorno más cercano. Un rechazo que ya vive dentro de "Alí" como inmigrante marroquí. En ese sentido, es muy significativa la secuencia en la que nuestro protagonista le explica que en realidad no se llama Alí. Su nombre es El Hedi ben Salem M'Barek Mohammed Mustapha. Pero dicho término es el que utlizan los alemanes, de forma despectiva, para denominar a los marroquíes inmigrantes. No merecen tratarse con identidad propia. "Todos son iguales", "no tienen nombre".

Con esta situación planteada, el director pretende demostrar, que tras el nazismo, la sociedad alemana seguía anclada con actitudes xenófobas y con un férreo asentamiento en directrices sociales muy acotadas. Aquel que ose romper dichas convenciones sociales tácitas recibirá el rechazo y el desprecio más absoluto. Así, ellá sufrirá la insolencia de sus vecinas, la incomprensión visceral de sus hijos y el repudio de sus compañeras de trabajo.
Nuestra protagonista, Emmi Kurowski, solo se enfrentará a los ataques en una sola ocasión. En la secuencia que replica a su tendero habitual por su actitud de no querer atender a su marido. El resto, es puro sometimiento en un rostro marcado por las arrugas de ya una difícil vida pasada.

Fassbinder, para reforzar el aislamiento a la que se ven sometidos, aprisiona a los personajes en encuadres tomados a través de rejas. O tras picados angulares realizados en escaleras cuya visión es tapada por barrotes . O bien, filmándolos en abundantes planos panorámicos en los que Emmi y Alí quedan en la lejanía.

La cámara se mueve muy poco ya que Fassbinder pretende imprimir a su largometraje un tono descriptivo, en el que el director y espectador se quedan fuera.

En la segunda mitad del film, la película ofrece un giro argumental mediante el cual todo aquel que ha rechazado a Emmi, a partir del puro interés, se vuelven a acercarse. Pero sólo para pedir favores. Con lo que la tranquilidad social reaparece así como ciertas tendencias xenofóbas en ella. La integración en el corpus social de nuevo implica también adecuarse y actuar como el resto ante los inmigrantes. Se desplaza el foco pero las actitudes permanecen. A tal efecto, es muy ilustrativa la secuencia en la que entra en el grupo de compañeras de trabajo una inmigrante del este. Ya no es Emmi la "apartada".
Paradójicamente, en el momento que consolidan cierta integración social, la pareja naufraga. Ya que otras necesidades de "Ali" que habían quedado aparcadas salen al exterior.

¿Película interesante? Sí, sin duda por el valor intrínseco del "mensaje social" que conlleva el film. No obstante, existen en ella varias objeciones que entorpecen el film.
Por un lado, la escena inicial en la que se conocen (y enamoran) Emmi y "Ali". Chirría por los cuatro costados. Es forzada y nada creíble. Tal como está construida, da a pensar que "Ali" se acerca a ella por puro interés. Evidentemente, después vemos que no hay intencionalidad negativa en el personaje, con lo que la sensación de descoloque aumenta. Y es que el problema que se deriva de ello, es la nula capacidad de interpretación del protagonista. El Hedi Ben Salem que es el "actor" principal, echa al traste toda la credibilidad de la historia de amor ante su incapacidad. Y es un gran escollo que le hace restar efectividad al film.
Por otra parte, la dirección de actores y la planificación de secuencias en las que los actores "en tiempo suspendido" se quedan mirando fijamente a los protagonistas (con cara circunspecta), en una clara expresión atonal,-aunque se deduce que las intenciones de Fassbinder son otras, aunque muy pocas veces el actor consigue expresar lo que la escena requiere-, produce un efecto de artificialidad que acaba siendo perjudicial para el film. Como escenas ilustrativas tendríamos la escenas varias del bar de marroquíes, la escena del restaurante en el que el camarero los mira en la lejanía, etc....

Hay quien dice que Fassbinder estiliza a los personajes secundarios resaltando como positivo esta dirección de actores. En mi caso, no funciona como factor positivo. Ya que me da la sensación que me estoy topando con actores "amateurs" que por incapacidad me rompen la lógica de la escena. Por ejemplo, la escena en la que Emmi reune a su familia para confesarles que se ha casado con un marroquí y uno de los hijos en un ataque de ira rompe el televisor. La manera en que lo rompe a mí me produjo una risa involuntaria, por la "torpeza" del actor. Evidentemente esa escena con intención drámatica se desmonta porque me hace reír "cuando no tocaba". Y como ésta hay alguna más.

Por último, la escasez de medios y la humildad de la propuesta, si bien no tendrá que ser un incoveniente, pesa en la valoración del film. Se dice que hay películas que envejecen muy mal. Para mí, ésta sería una de ellas. No por la vigencia de su mensaje sino por la realización. Ya que, desgraciadamente, no sabe "disimular" esos pocos medios con los que cuenta.
No es que sea yo un fan de los grandes presupuestos, pero cuando en una película salen a la luz (más de lo que debiera) los pocos medios que hay, es cuando creo que "tenemos un problema".

Recomendable para todo aquel que le gusten los dramas sociales y superponga "el mensaje" por encima de otros valores fílmicos.
No recomendable para aquel que no solo se interesa por el significado sino también por el significante.
Asimismo la estaticidad de la propuesta y el tono descriptivo puede echar para atrás a todo aquel que necesite "ritmo" en un film.




sábado, septiembre 22, 2007

Thomas est amoreux




Cada uno con sus debilidades cinéfilas. En mi caso siempre cierta debilidad por la psicopatología llevada al cine. La película que me ocupa aborda un transtorno poco tratado: la agorafobia (pánico a los espacios públicos).

Y se aborda dicha psicopatología con mucho ingenio, cuidando al máximo los detalles y tratando de ser coherente tanto lo que nos quiere explicar, como el transtorno que quiere ocupar. Por lo que se presenta muy férrea y de forma audaz.

La película se centra en nuestro protagonista, el cual padece una agorafobia extrema. Tal como nos indica Beatriz Vera Poseck en su libro Imágenes de la locura, Editorial Calamar, 2006 "En sus formas extremas, la agorafobia puede provocar la imposibilidad absoluta de salir del hogar e incluso de permanecer en éste sin la compañía de familiares y conocidos. Esta circunstancia extrema es la que el cine ha reflejado en la mayoría de las ocasiones"

Y es justamente lo que le sucede a nuestro protagonista. Todo ello ambientado en un futuro que se antoja como cercano ya que radicaliza su modus vivendi. El futuro es contemplado como una exasperación de ciertos hábitos y/o costumbres que ya se dan en nuestra sociedad. La dictadura de la tecnología llevada al máximo teniendo en cuenta la cantidad de acciones que ya se pueden realizar vía internet (bancos virtuales, compras, viajes, video conferencias, etc...). Y sin movernos de casa.
Así pues, en el futuro que describe el film un agorafóbico puede realizar absolutamente todo lo que necesita y desea sin moverse de casa. El paraíso, vamos.
A tal efecto, la primera mitad es de situación. Nos describe todo lo que está al alcance de Thomas y de igual manera vamos conociéndole. Rápidamente empatizamos con él ya que el director busca desde el primer momento la identificación del protagonista con el espectador. Y con ello, salva, de forma muy elegante, un obstáculo que nos ha puesto para que se produzca esa identificación.

Y es que nosotros no vemos al protagonista.

Para ello adopta la cámara subjetiva con la voz fuera de campo pero lleva más allá dicho concepto. No solo permite que nos identifiquemos con el protagonista sino que además sólo vemos lo que ven sus ojos. Es decir, vemos una serie de videoconferencias que Thomas usa para comunicarse con el exterior, ejecutadas como una acumulación de planos secuencias, de corte medio-largo, que vienen a representar la pantalla de su ordenador.

Y a destacar, otro aspecto no mencionado todavía, pero no por ello menos importante. El tramiento de la fotografía y el color. Nos presenta un futuro cargado de colores cálidos con fondos iluminados y claros con lo que se intensifica la presencia de los personajes y los objetos en el conjunto.
Un aspecto muy colorista y muy pop mediante el cual incluso no escatima incluso en la utilización de imágenes psicodélicas. Valga el ejemplo del test para la agencia matrimonial. Aquí se me antoja que el director Pierre Paul Renders usa elementos plásticos con reminisciencias a los cuadros de Pierre et Gilles, ya que la composición organizativa es muy similar. Por otra parte, el uso del color refuerza la artificialidad del futuro, totalmente mediatizado por las nuevas tecnologías.

Y como toda fábula futurista que se precie, la película encierra varias críticas a nuestra sociedad. Las tecnologías de la información son un avance en las comunicaciones pero también aislan a sus individuos. Thomas requiere y ansía comunicación con sus semejantes pero no tolera ver a nadie en persona. Por lo que sus vías de comunicación son adulteradas y sus interrelaciones sociales son sumamente artificiales.
Es en este aspecto donde Tomás está enamorado me recuerda a Denise te llama. Otro film que contiene la misma denuncia y donde también se lleva al extremo ciertas situaciones ya dadas en la actualidad con los medios tecnológicos.
Tal como apostilla Beatriz Vera Poseck en el libro citado, nuestro personaje es un agorafóbico con grandes dosis de sociopatía. Por lo que se fusionan dos disfunciones como una sola. Cuando en la realidad no sucede así. Los agorafóbicos no son sociópatas.
La mezcla se usa para reforzar el aislamiento que denuncia el film aunque se tergiverse los aspectos auténticos de un agorafóbico.

Un futuro asimismo impregnado de ecos de 1984 de George Orwell, en la que la compañía de seguros del protagonista se llama "la Global". También se traspasan todas las áreas privadas del individuo, (el psicólogo asignado ve y escucha conversaciones privadas de su paciente),
así como el gobierno recluta a prostitutas como condonación de penas. Y de esta manera también se aborda la hipocresía frente al sexo ya que se tilda de degenerados al individuo que haga uso del sexo virtual (como nuestro protagonista), pero por otra parte, el seguro proporciona prostitutas para "minusválidos".

Por último destacar lo bien tratado que está el proceso creciente de adquisición de ansiedad a medida que se va desarrollando el film. Al principio del film, el protagonista se muestra complacido en sus fobias. Pero progresivamente se le va haciendo más insoportable su situación. Así ansiará enamorarse, como único elemento que le permita salir de dicho aislamiento en el que se ve sumido.

Recomendada para todo aquellos que disfuten con audacias formales y pequeñas historias. Agradece ver algo original entre tanta mediocridad.
Puede resultar monótona y repetitiva aunque no se hace larga porque tiene el metraje que necesita: 97 minutos.





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